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miércoles, 27 de octubre de 2010

"Sigan el operativo"

“Grupo Comando Sabino Navarro quiere enfrentarse con las armas. Están armados hasta los dientes: tienen fusiles, ametralladoras y escopetas recortadas”, indicaba la placa roja de Crónica TV el 5 de abril de 2000. Junto con Radio 10, transmitían en vivo desde Concordia, Entre Ríos, la noticia de un grupo de guerrilleros que se rebelaban contra el orden establecido. Sin embargo, horas después se supo que todo había sido una farsa.

Este papelón mediático dio origen a la película Orquesta Roja, dirigida por Nicolás Herzog, estrenada el 7 de octubre. “Lo seguí por radio y después lo vi por televisión. Me sonaba a la recreación que, en 1938, Orson Welles hizo de La Guerra de los Mundos. En ese momento tenía 20 años. Me llamó tanto la atención que después fue mi tesis cuando me recibí de licenciado en Ciencias de la Comunicación. Mucho más acá, se me ocurrió hacer el documental, como una forma de saber qué era de la vida de cada uno de los protagonistas de esa historia tan particular. Armar el rompecabezas de lo que pasó en Concordia era una oportunidad ideal para reflexionar sobre el rol de la prensa”, cuenta el director del film.

Las imágenes todavía se repiten en programas de archivo humorísticos: el Comandante Carlos hablando a las cámaras, afirmando amenazante que el Comando tenía conexiones con las FARC en Colombia, y con los zapatistas de México. "Sigan el operativo", ordenaba. La película rescata la historia de los integrantes del falso grupo guerrillero, los líderes piqueteros de Concordia José María Chelo Lima, Carlos Sánchez y Patricia Rivero, que con el montaje buscaban llamar la atención de las autoridades. Los protagonistas contaron su historia, y hasta actúan en algunas escenas.




Nicolás Herzog comenta: “La imagen que se me arma de ellos durante esos momentos previos está muy teñida del discurso periodístico. Una de las características que los definía es que sus acciones contenían altas dosis de histrionismo, y tal vez por eso se convirtieron en personajes ultramediáticos. De hecho, el mote de ‘Comandantes’ se los asignó un diario local y ellos lo incorporaron, claro”.

Uno de los interrogantes que se desprende es si la difusión de este hecho fue por causa de una falta de rigor periodístico, o sólo por sensacionalismo. Para el director, se mezclaron los dos factores: “Hubo algo de pacto previo, los medios estaban esperando que algún suceso a ese nivel social ocurriera. Y cuando llegaron y vieron la puesta en escena que había, decidieron seguir adelante, y le dieron el pie para que tomara la dimensión que tuvo”.

Orquesta Roja analiza el rol de los medios en la construcción de la noticia, como así también la manipulación de la información. “La construcción de la noticia es un lugar donde discursivo donde intervienen muchísimos actores, intereses políticos, mediáticos, empresarios. Cada vez estoy mas seguro que el lema de la objetividad periodística no existe”, reflexiona Herzog, y agrega: “Orquesta roja es una película sobre las ficciones que se ponen en juego a la hora de representar lo que comúnmente llamamos realidad”.

lunes, 25 de octubre de 2010

De TV y telepantallas: el opio de los pueblos

“Lo paradójico es que a través de esa pantalla parecemos estar conectados con el mundo entero, cuando en verdad nos arranca la posibilidad de vivir humanamente, y lo que es tan grave como esto, nos predispone a la abulia”. Para Ernesto Sábato, en su obra La Resistencia, la televisión es “el opio de los pueblos”. Los espectadores, muchas por veces por pensar que no hay algo mejor, se pasan horas frente a la pantalla, descartando otras actividades. Hasta llega al punto de dominar una rutina.

El poder de la TV, de la imagen, es enorme. Lo había previsto otro escritor, George Orwell, en su libro 1984, la más famosa de las distopías. En él, la “telepantalla” gobierna a los hombres. Hay por lo menos una en todas las casas, en lugares públicos, hasta en el baño: el aparato vigila cada una de las acciones de las personas. Al mismo tiempo, transmite imágenes, sonidos, música, siempre conforme a las políticas del Partido y del Gran Hermano.

“La pantalla recibía y transmitía simultáneamente. Cualquier sonido que hiciera Winston superior a un susurro, era captado por el aparato”, relata Orwell en su obra. Cada imagen, cada dato que emite la telepantalla es indiscutible. El receptor sólo lo acepta mecánicamente como la verdad absoluta. Aunque la realidad lo niega, la otra, la virtual, es la que prevalece. Un fragmento lo grafica: “Un trompetazo salió de la telepantalla vibrando sobre sus cabezas. Pero esta vez no se trataba de la proclamación de una victoria militar, sino sólo de un anuncio del Ministerio de la Abundancia (…) Por lo visto, habían existido hasta manifestaciones para agradecerle al Gran Hermano el aumento de la ración de chocolate a veinte gramos cada semana. Ayer mismo, pensó, se había anunciado que la ración se reduciría a veinte gramos semanales ¿Cómo era posible que pudieran tragarse aquello, si no habían pasado más que veinticuatro horas? Sin embargo, se lo tragaron”.

Hoy, en el 2010, se suele utilizar como prueba de la veracidad de algo la frase “pero si lo vi en la TV”. Según este concepto, la pantalla parece limitarse a reproducir la realidad. El factor visual, la transmisión en directo alimenta el mito de que “las letras son signos y las imágenes realidades”. Por lo tanto, el espectador de la TV, o el esclavo de la telepantalla no contrastan la información que recibe con lo que verdaderamente experimenta.

Cierra Sábato: “No vemos lo que no tiene la iluminación dela pantalla, ni oímos lo que no llega a nosotros cargado de decibeles, ni olemos perfumes. Ya ni las flores los tienen”.